Juventud. Nociones y aproximacion.

Condición Juvenil

“Las clasificaciones por edad (y también por sexo, o, claro, por clase…) vienen a ser siempre una forma de imponer límites, de producir un orden en el cual cada quien debe mantenerse, donde cada quien debe ocupar su lugar.”[1]

  1. Juventud. Nociones y aproximaciones.

Jóvenes rurales, urbanos, estudiantes, trabajadores, rebeldes, libres, jóvenes creativos. Juventudes organizadas, feministas, partidistas, activas, jóvenes ciudadanos. Jóvenes migrantes, jornaleros, empresarios, artistas, maestros, militares, sicarios, jóvenes cambiantes. Cholos, skatos, punks, góticos, metaleros, indie, hipster… Generaciones A, B, K, S, E, R, H, P, T[2] , generación X, Jóvenes “ninis”. Jóvenes consumidores, inacabados, en transición, controlables, la juventud como un grupo de edad.

Múltiples nociones y calificativos son los que utilizamos en la sociedad para hacer referencia a las personas jóvenes. La mirada que se construye en torno a ellos está profundamente influenciada por la cultura; factores como la etnia, el género, el grupo social, las comunidades de pertenencia, el capital escolar y familiar, etc., toman lugar en este proceso.

Las perspectivas dominantes que “explican” desde diferentes posturas a la juventud implican discursos y prácticas que se reproducen en la sociedad a través de sus instituciones como el Estado, la familia, la iglesia, la academia, los medios de comunicación[3]. Éstas se fabrican desde una situación de poder y tienen un impacto tanto en el imaginario social como en la vida de las personas jóvenes, pues los lugares asignados y asumidos implican – y no queremos decir que sea el único factor – que se generen situaciones de inclusión y exclusión, como puede ser: un acceso diferenciado a la toma de decisiones, a los mecanismos de participación y a las facilidades o dificultades por mejorar o mantener las condiciones de vida que se desean. Las teorías de juventud se elaboran bajo contextos históricos específicos que corresponden a las visiones predominantes sobre la concepción del ser humano, la política, la economía y la situación social.

Con la legitimidad de su discurso, la academia es uno de los espacios sociales, donde se han elaborado algunas de estas construcciones. Lydia Alpízar y Marina Bernal (2003) realizan una agrupación que sintetizamos a continuación:

a) Juventud como etapa del desarrollo psicobiológico humano:

Como etapa de crisis, momento de riesgo en cuanto a la constitución de una personalidad sana. Se han definido características universales propias de este momento de “transición” por el que, se afirma, todos los seres humanos pasamos. Algunas de éstas son: la confusión, la angustia, cambios físicos, psicológicos, fenómenos de rebelión, momentos de contradicciones, confusión, doloroso, ambivalente.

b) Juventud como momento clave para la integración social:

Etapa en la que la gente joven debe adquirir los valores y habilidades para una vida adulta productiva y bien integrada socialmente. Múltiples investigaciones con grupos juveniles en situación de marginación han dado como resultado políticas de readaptación juvenil, provenientes de construcciones discriminatorias en relación a las condiciones de raza, clase y nivel escolar. Esta perspectiva va más allá de un aspecto sociodemográfico e intenta tomar en cuenta cambios en los comportamientos y contextos sociales.

c) Juventud como dato sociodemográfico:

Como grupo de edad es vista desde el punto de vista poblacional. Esta perspectiva integra a las personas de determinada edad – para la que el rango aún no hay consenso – a un grupo homogéneo con características generales y compartidas; esto invisibiliza la diversidad de condiciones, necesidades y realidades.

d) Juventud como agente de cambio:

Relacionado con el materialismo histórico, se construye a la juventud como motor del cambio y de la revolución. Esta visión, que tiende a ser positiva, se sustenta en los movimientos juveniles y estudiantiles que tuvieron lugar durante la segunda mitad del siglo XX. Para los años 90 surgen corrientes de pensamiento que se refieren a las personas jóvenes de sociedades “avanzadas” como los portadores de nuevos valores, preocupados por la calidad de vida, mejoras en la atención de los servicios privados y estatales, cuidado del medio ambiente, en búsqueda de relaciones menos jerárquicas, más íntimas e informales con los demás.

e) Juventud como problema de desarrollo:

Enfocados en problemáticas “macro” para el desarrollo sociodemográfico de los países, estas perspectivas prestan atención fundamental a aquellas situaciones en las que las juventudes se encuentran inmersas y representan un problema para el desarrollo económico y social. Prestan atención a situaciones como la tasa de desempleo, embarazos de adolescentes, consumo de drogas ilícitas, etc.

f) Juventud y generaciones:

Ubicando a la población joven a partir de sucesos históricos, se construyen algunos estereotipos sobre este sector en función de determinadas épocas. Vistos entonces como grupos generacionales, se pueden comparar entre sí. Ocurre, desde esta perspectiva, que se homogeneíza a este sector en función del tiempo histórico, como una visión generalizada sobre las personas jóvenes que irrumpen en la escena de lo público a partir de acontecimientos históricos significativos.

g) Juventud como construcción sociocultural:

Ubican a la población joven en un contexto histórico y cultural, desmitificando la determinación psicobiológica.

Estas perspectivas hacen énfasis en la diversidad de formas de expresión de lo juvenil. Surgen estudios que ponen atención en dos dimensiones: las identidades juveniles – como resultado de un proceso de construcción sociocultural – y las culturas juveniles – como expresiones diversas de la población que se asume como joven. De aquí se desprende la noción de la identidad juvenil como históricamente construida con base en referentes de contextos sociales específicos.

Las autoras concluyen que bajo estas construcciones se encuentran características homogeneizantes, estigmatizantes, invisibilizadoras de las mujeres jóvenes, desvalorizantes de lo femenino, negadoras o no explicitadoras de la subjetividad de quien investiga y adultocentristas (Alpízar & Bernal, 2003:16-17).

Las distintas perspectivas que intentan “entender” y “explicar” a la juventud han tomado diferentes lugares desde donde se discuten. Esto no quiere decir que no tengan impacto en la vida social de la población joven. Las implicaciones de estas perspectivas han sido profundamente debatidas, no obstante es necesario recalcar que los discursos elaborados sobre la juventud desde las instituciones llevan implícitos elementos valorativos que anteriormente se describen.

José Antonio Pérez Islas[4] recupera cuatro tendencias que permean la mirada hacia las juventudes desde las instituciones:

1) La juventud como etapa transitoria, como un momento incómodo que mejora al convertirse en adultos, su actuación es vista como trivial.

2) La juventud como la esperanza del futuro, las acciones de la juventud cobran valor y sentido a futuro y es ahí cuando tendrán su oportunidad.

3) La juventud idealizada, ya sea buena o mala, frágil o peligrosa, que por lo tanto es necesario controlar; esta perspectiva la coloca en situaciones de dominación.

4) La juventud homogénea, las personas jóvenes determinadas por la edad, todas con las mismas características, necesidades, gustos, prioridades; esto naturaliza la condición juvenil.

Estas tendencias, son presupuestos conceptuales que han definido la política de juventud. Para el caso de Latinoamérica, retoma y modifica un esquema propuesto por Ernesto Rodríguez quien establece que se han construido cuatro “tipos ideales” (Pérez Islas, 2000)

a) Educación y tiempo libre con jóvenes “integrados“:

Bajo la lógica de “a mayor nivel educativo, mayores posibilidades de movilidad social” las políticas públicas de los años cincuenta iban orientadas a la integración escolar y al manejo del “tiempo libre“a través de actividades deportivas y culturales como complemento de las actividades escolares. Esto suponía que la mayoría de las personas jóvenes estudiaban y se encontraban integradas, y a su vez generó que el énfasis de las instituciones creadas para atención a la juventud se centrara actividades de este tipo para evitar que las personas jóvenes cayeran en actividades “peligrosas“. Este modelo es el origen de las comisiones e instituciones de juventud y deporte. Específicamente en nuestro país a partir de la década de los cuarenta, han sido tres las principales preocupaciones del Estado mexicano respecto de la juventud: la instrucción, el control y el deporte/recreación; las políticas de juventud se han restringido a una sola institución que dependen del funcionario en
turno, su conocimiento y compromiso con el tema.

b) Control social de sectores juveniles “movilizado”:

De forma sistemática en Latinoamérica, ante las movilizaciones juveniles – promovidas y encabezadas en su mayoría por jóvenes universitarios – de la década de los sesenta, el vínculo que éstas tenían con ideologías de izquierda y las manifestaciones culturales en torno al rock, las instituciones gubernamentales emprendieron acciones vinculadas al control social y a la desarticulación y disolución de grupos organizados a través de prohibiciones y actos de represión. Los esfuerzos se centraron en la “atención“a jóvenes estudiantes de clase media, relegando de las políticas empleadas a otros sectores juveniles que no formaban parte de estas preocupaciones.

c) Enfrentamiento a la pobreza y la prevención del delito:

Como resultado de los gobiernos militares que le siguieron a los populistas, al volver los estados democráticos se enfrentaron con economías en recesión y situaciones preocupantes de pobreza. Las personas jóvenes que emergen en este contexto fueron pertenecientes a sectores populares urbanos organizados en “pandillas juveniles” o bandas. Vistos inicialmente como delincuentes, en México particularmente, se implementaron políticas, generales o específicas para la juventud, de combate a la pobreza con la intención de prevenir el delito. Convirtiéndose el narcotráfico también en una preocupación, este modelo continúa vigente como resultado de los niveles de pobreza actuales.

d) La inserción laboral de los jóvenes “excluidos”:

Bajo la concepción de las personas jóvenes como sector estratégico para el desarrollo, en la década de los noventa se busca incorporar al terreno laboral formal a sectores juveniles excluidos mediante capacitaciones cortas. Estas políticas propiciaron el aporte económico de instancias como el Banco Interamericano de Desarrollo y comienza a ser característico que durante su implementación el Estado se retira como ejecutor directo al involucrar a otros sectores sociales. Los resultados de este modelo, más allá de disminuir la tasa de desempleo juvenil, se manifestaron en nuevos mecanismos de capacitación con poca incidencia en el fomento a la empleabilidad. En nuestro país, en materia de empleo juvenil las acciones implementadas han sido aisladas.

No podemos asegurar que estas construcciones sobre la juventud estén completamente disociadas de la realidad, lo que ocurre es que responden a una forma de “mirarla” desde una posición específica, como lo hemos dicho, desde situaciones de poder. La naturalización, construcción de estereotipos y mitificación sobre el ser joven operan en las formas de percepción y consecuentemente constituyen un vehículo que orienta las prácticas. Como verdades que no se discuten, los estereotipos se anclan en el sentido común y provocan fenómenos de inclusión y exclusión.

¿Y esto cómo se relaciona con nosotros? Es desde ahí que se piensan las políticas públicas dirigidas a la juventud, partiendo de estas perspectivas que se cruzan, se diseñan programas y proyectos o en su defecto, se omiten. Por ejemplo, la oferta de arte y deporte como la panacea para la juventud o el medio para contener a las personas jóvenes mientras llegan a la adultez, responde a una lógica de su reconocimiento postulado desde las cuatro tendencias mencionadas. Haciendo un reduccionismo burdo, pero proveniente de la idealización de estas políticas, el arte y el deporte constituyeron medios poderosos que regían – y en algunos casos sigue ocurriendo – las políticas públicas dirigidas a la juventud; uno de sus objetivos, el más repetido: evitar el consumo de drogas.

  1. Paradojas, condición juvenil y la construcción de las propias biografías.

Partimos de un contexto complejo, las desigualdades entre la juventud – y no sólo en este sector – se acentúan. Las condiciones del consumo, el crecimiento de la impunidad, el aumento de la pobreza, el quiebre de la institucionalidad, los índices de violencia, los contextos de paralegalidad, las demandas laborales, los servicios de salud poco eficaces, la vulnerabilidad ante el aparato legal, las condiciones de marginación y exclusión, los procesos de estigmatización, la condiciones de vida precarias y un sistema educativo fracturado, son algunas de las situaciones presentes en las realidades de las personas jóvenes.

Rossana Reguillo (2010) propone que hay dos tipos de juventudes, cuyas diferencias se anclan en la cercanía, o no, a las alternativas y al acceso:

a) Una juventud precarizada, que es la mayoría, desconectada de las instituciones y sistemas de seguridad, con ingresos mínimos, con sus posibilidades de elegir mermadas por la ausencia de condiciones básicas para desarrollo de sus propias biografías.

b) Una juventud conectada, incorporada a los sistemas de seguridad y a las instituciones y que cuentan con mayores posibilidades de elegir.
Desde la sociología, siguiendo a Bourdieu, ocurre un proceso de descapitalización. En primera instancia colocamos que uno de los elementos que determina la posición que se ocupa en cuanto a alternativas y a acceso, es la cercanía a los diversos capitales: social, escolar, económico, cultural, familiar, etc. Ocurre entonces, un proceso de “descapitalización” que se entiende como la «imposibilidad de acceder (a) o mantener “activos” que se traduzcan en insumos para mejorar o mantener sus condiciones de vida» (Reguillo R., 2010:396).

¿Cómo construimos nuestras propias biografías? La autonomía económica y familiar, capacidad de agencia, compromiso y libertad balanceados por las opciones subjetivas y la posibilidad de imaginar el futuro[5], las posibilidades de tener acceso al trabajo deseado y de contar con los recursos necesarios para atender las necesidades de salud; son estados por los que pasa este proceso de descapitalización. La brecha
existente entre las condiciones «imaginadas» para acceder y mantener las formas de vida deseadas y la realidad, es cada vez más profunda.

A la par de esto, ocurre un proceso llamado la inadecuación biográfica del yo. La autora recurre a Bauman (2001), Beck (1998) y a Giddens (1995) para explicar este suceso que implica que el sujeto se asuma como el único responsable de su condición; aquí se corre el riesgo de invisibilizar el papel del resto de los actores que componen la vida social, política y económica de la realidad, entre ellos el Estado. Las paradojas y contradicciones toman lugar en cuanto operan las construcciones del ser joven y se asumen – por ejemplo: se asume que las personas jóvenes están en edad productiva, pero las oportunidades de empleo son mínimas y la escuela no garantiza la incorporación al mercado laboral; o son actores y agentes de cambio cuando los mecanismos de participación que el Estado promueve son limitados y no se otorgan certificados de actuación hasta que se es adulto; o que el empleo no garantiza las posibilidades de generar una situación de independencia, al menos de la casa paterna –. Si bien tomamos estos criterios como punto de partida, no necesariamente responden a las necesidades e intereses de toda la población joven.

El riesgo mayor ocurre cuando el actor principal – en este caso las y los jóvenes– reproduce estos discursos, “…no hay mayor adversario para la agencia juvenil que su propia y fatalista asunción de “inadecuación” social, política, laboral.” (Reguillo R., 2010:399) La posibilidad de desarrollar las propias biografías se ve mermada por la condición juvenil[6] y por la idea de que “el que quiere, puede”; que si bien algo hay de eso, no es determinante ni corresponde al único factor.

No apelamos a que se gesten las condiciones necesarias para convertirse en adulto; sino en las condiciones necesarias para imaginarse a sí mismo y «ejecutarse», es decir, pensar, construir y desarrollar la propia biografía.

  1. Política Pública y enfoque de derecho.

Partiendo de que la juventud desde las instituciones adquiere un estado de indefinición y subordinación (Pérez Islas, 2000), es menester preguntarnos el papel que juega el Estado. El hilo conductor lo situamos en las políticas públicas. ¿Por qué la intervención del Estado? No lo vislumbramos como un Estado benefactor, sino que partimos de la idea de trasladar la noción del estado proveedor al Estado garante.

Esto implica también, pensar en una ciudadanía más activa, desde la que logremos vernos complejos y heterogéneos. El recurso público se va por la borda, y en principio eso es un asunto que nos compete a todos. A veces pensamos que tenemos el gobierno que merecemos, o que las oportunidades para acceder, mantener o desarrollar las condiciones de vida que deseamos están únicamente en nuestras manos y dependen de nuestra voluntad; siendo que día a día nos vinculamos con las instituciones y con las estructuras de poder a través de la escuela, los centros de atención a la salud y hospitales, las obras públicas y la policía o instancias de seguridad pública. No estamos desvinculados ni jugamos papeles antagónicos.

El tema de las políticas públicas puede abordarse desde los derechos fundamentales que obligan al Estado, si bien éste debe proteger a los ciudadanos de las violaciones a sus derechos civiles y políticos, también debe de orientar acciones dirigidas a identificar y enfrentar la exclusión social, esto implica que se reconozca a los ciudadanos como titulares de sus derechos[7]. Este tema es fundamental para Ojo Ambulante, nos adherimos a la necesidad de repensar el enfoque del quehacer gubernamental, específicamente de la lógica de las políticas públicas dirigidas a la juventud, la propuesta es un enfoque basado en derechos:

En líneas generales, el enfoque basado en derechos considera que el primer paso para otorgar poder a los sectores excluidos es reconocer que ellos son titulares de derechos que obligan al Estado. Al introducir este concepto se procura cambiar la lógica de los procesos de elaboración de las políticas, para que el punto de partida no sea la existencia de personas con necesidades que deban ser asistidas, sino sujetos con derechos a demandar determinadas prestaciones y conductas (Abramovich, 2006)[8].

Implica, entonces, hacer exigible aquello por el simple hecho de ser y por derecho nos pertenece. A lo largo de este Observatorio exploraremos la relación entre las políticas públicas y la realidad juvenil desde distintas dimensiones. Es necesario pensar, en primera instancia, en la juventud no como un conglomerado abstracto, si no desde una visión integradora de multiplicidad de formas de ser. Proponemos que las políticas públicas sean articuladas y dejen de ser más herramientas políticas que de bienestar social. La obligatoriedad del Estado se sustenta en el marco de tratados internacionales y en los instrumentos que se ratifican en México. Pero en términos reales, en nuestro estado, no contamos con un marco legal que establezca las condiciones y estrategias mínimas para ejercer los derechos fundamentales de la juventud.

[1] Bourdieu, P. (2002). La “juventud“no es más que una palabra. En P. Bourdieu, Sociología y Cultura (pág. 164). México: Grijalbo, Conaculta.

[2] Para más información consulta: Feixa, C. (2006). Generación XX. Teorías sobre la juventud en la era contemporánea. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 4 (2).

[3] Alpízar, L., & Bernal, M. (2003). La construcción social de las juventudes. Última Década (19).

[4] Pérez Islas, J. A. (2000). Visiones y versiones. Jóvenes, instituciones y políticas de juventud. En G. M. (comp.),
Aproximaciones a la Diversidad Juvenil (págs. 311-341). México: Colegio de México.

[5] Ibíd.

[6] Definida por Rossana Reguillo como el conjunto multidimensional de formas particulares, diferenciadas y
culturalmente “acordadas “que otorgan, definen, marcan, establecen límites y parámetros a la experiencia subjetiva
y social de las / los jóvenes. (Reguillo R., 2010).

[7] Thezá, M., & Mascareño, A. (2007). Jóvenes y Perspectiva de Derechos: Un acercamiento desde el marco de las condiciones mínimas. Revista Observatorio de Juventud, 4 (13).

[8] Abramovich, 2006. “Una Aproximación al Enfoque de Derechos en las Estrategias y Políticas de Desarrollo en América Latina”. Centro de Estudios Legales y Sociales.

Las políticas públicas, enfoques y herrramientas